Resucitando una vieja guerrera: mi LulzBot TAZ 5

febrero 13, 2026 · admin

Tengo una impresora 3D que, siendo sinceros, ya entra en la categoría de “veterana”: la LulzBot TAZ 5. No es pequeña y desde luego no compite en velocidad con los modelos actuales. Pero le tengo un cariño especial. Es de esas máquinas que han compartido horas contigo, que han dado guerra, que han fallado… y que también han respondido cuando más lo necesitabas.

Durante la pandemia del COVID fue una auténtica currante. Estuvo imprimiendo piezas para mascarillas y viseras prácticamente sin descanso. En ese momento dejó de ser simplemente “mi impresora” para convertirse en una herramienta útil de verdad. Recuerdo jornadas enteras lanzando impresiones en serie, ajustando parámetros, revisando piezas… Fue una época rara, complicada, pero esa máquina estaba ahí, funcionando como un tanque.

Soy totalmente consciente de que todas las mejoras que le he ido haciendo no son rentables desde un punto de vista económico. Si sumara lo invertido en materiales, tiempo y pruebas, probablemente podría haber comprado una impresora nueva más moderna, más rápida y más automatizada. Pero esta TAZ 5 tiene algo que muchas máquinas actuales no tienen: una estructura robusta, perfiles sólidos y una mecánica que aguanta modificaciones sin quejarse demasiado. Es una base muy agradecida para trastear.

La primera gran mejora fueron los soportes regulables en altura. La versión original no venía con ellos, y aunque parecía un detalle menor, facilitó muchísimo el nivelado y la estabilidad general. Es uno de esos cambios pequeños que, en el día a día, se agradecen mucho.

Después instalé un precalentador de hilo exterior. Puede parecer un capricho, pero cuando empiezas a imprimir materiales más técnicos o ABS de forma constante, mantener el filamento en condiciones estables ayuda bastante a evitar problemas de extrusión.

Uno de los cambios más importantes fue la caja de metacrilato hecha a medida. Es bastante grande, pero era necesaria para poder imprimir ABS en condiciones, evitando corrientes de aire y reduciendo el warping. Desde que la cerré, la calidad en piezas grandes mejoró muchísimo.

También sustituí la cama original por una cama metálica de acero, más robusta y con mejor comportamiento térmico. Más estabilidad, menos deformaciones y una sensación general de mayor solidez.

Por supuesto, no podía faltar una cámara con servidor OctoPrint, que me permite controlar la impresora en remoto, monitorizar impresiones largas y evitar más de un susto. Es casi imprescindible hoy en día.


Y ya como toque final, monté una caja con regulador de velocidad para vapores de acetona, perfecta para suavizar piezas de ABS y darles un acabado mucho más limpio y profesional.

Al final, más que actualizar una impresora, he ido construyendo una versión muy personal de la TAZ 5. No será la más moderna del mercado, pero sigue siendo una máquina sólida, fiable y con historia. Y mientras siga imprimiendo bien… seguirá teniendo su sitio en el taller.

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